lunes, 27 de marzo de 2017

Puente adentro, de Arnoldo Gálvez Suárez


La novela Puente adentro del escritor guatemalteco Arnoldo Gálvez Suárez fue la ganadora del certamen literario BAM Letras de 2015. El libro es la segunda novela de su autor, que antes había publicado Los jueces y los libros de cuentos La palabra cementerio y El tercer perfil.

En la novela se cuenta la historia de Alberto, un fotógrafo de bodas que comienza a investigar el asesinato de su padre, ocurrido a finales de la década del 80 en la ciudad de Guatemala. Un encuentro fortuito con Mercedes Lima, antigua estudiante de su papá, es el detonante para que él inicie la investigación y la trama de la novela. De forma paralela en otro plano narrativo se cuenta la historia de Daniel Rodríguez Mena, el padre de Alberto, y se describe la realidad sobre los hechos que su hijo investiga.

A pesar de que los dos planos narrativos giran en torno a Daniel Rodríguez Mena y a Alberto, su hijo, es el personaje de Mercedes Lima el que realmente articula y da sentido a ambas narraciones. La relación que Alberto narra en primera persona va cobrando más interés, conforme Alberto conoce a Mercedes, que es descrita por él como una mujer misteriosa, que encierra de alguna forma una verdad llena de dolor y de peligro. El interlocutor tácito de esta narración es Daniel, hermano de Alberto.


En sus trescientas páginas, la novela es fascinante y entretenida. Describe pormenores muy comunes de la ciudad de Guatemala en dos escenarios diferentes. Por un lado, el escenario de la posguerra, caracterizado por la hostilidad, las migraciones, la pobreza y la apatía política. Por el otro lado, describe la Guatemala de finales de la década del ochenta, en donde aún vibraba el temor de la guerra y de sus aparatos represivos. 

Fuente de la imagen: www.esquisses.net

lunes, 20 de marzo de 2017

Carlos Mérida, cercano

Mural de Carlos Mérida ubicado en las afueras del 
Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (zona 4). 

Estamos en Guatemala, en 1912. Dos jóvenes artistas estaban convencidos de consagrar su vida a la pasión que le profesaban al arte, y decidieron viajar a París. A principios del siglo XX, la capital francesa era considerada también una capital cultural, cuna de las obras y los movimientos vanguardistas de la época. Carlos era el nombre de ambos. Carlos Valenti uno y Carlos Mérida el otro. Además de su equipaje, llevaban una carta de recomendación del poeta español Jaime Sabartés para Pablo Picasso. En París, la desgracia alcanzó a uno de ellos con la noticia de su ceguera próxima y decidió quitarse la vida. Carlos Valenti truncó así la carrera que Mérida vivió, longevo, durante el siglo XX.

Sueño y realidad (1944). Museo Nacional de Arte Moderno.

En ese viaje, Carlos Mérida conoció a Picasso, a Modigliani y a otros personajes del ámbito artístico europeo. Regresó a Guatemala y en 1915, con 23 años de edad, montó su primera exposición en la ciudad de Quetzaltenango. Su sueño, primero, era el de ser músico. Sin embargo la vida lo hizo padecer una sordera parcial prematura que lo obligó a abandonar esta intención. Y todos los sonidos y las notas con las que imaginaba sus sinfonías se convirtieron en colores con los que realizó una monumental obra plástica.

Su obra siempre tuvo un gran referente en la cultura maya, pero con un tratamiento abstracto influido por las vanguardias artísticas europeas.


Hoy, el Museo Nacional de Arte Moderno lleva su nombre y guarda una colección del pintor. Sus obras conviven con nosotros, los habitantes de la ciudad, sin que lo sepamos. Pueblan las calles en silencio y basta con observar con un poco de detenimiento para que hagan estallar nuestros ojos en colores y en formas.

Sala Carlos Mérida dentro del 
Museo Nacional de Arte Moderno.
La sala es un homenaje al pintor guatemalteco.

lunes, 13 de marzo de 2017

El maestro ignorante



La ignorancia es un título difícil de aceptar en la docencia. La razón de esta dificultad es que aún está muy presente el paradigma de la enseñanza como un proceso aleccionador en el que un maestro transmite sus conocimientos a un conjunto de estudiantes que los ignoran. Por eso podría llegar a incomodar a primera vista el título del libro El maestro ignorante, cinco ensayos sobre emancipación intelectual del filósofo francés Jacques Rancière.



Rancière medita en este libro sobre la emancipación intelectual, o el proceso por medio del cual se acepta una ignorancia mutua sobre los temas de un programa educativo. El autor explora el caso de Joseph Jacotot, un maestro que impartía clases en francés en la universidad de Lovaina, sin saber ni una palabra de holandés. El método del profesor era básicamente el de apremiar la capacidad de los estudiantes de aprender por sí mismos, de la misma forma que se aprende la lengua materna. Para enseñar francés, Jacotot introducía a sus estudiantes de tajo a la apreciación de obras literarias completas, enfrentándolo a las frases, a las palabras y a las sílabas prescindiendo de las acostumbradas clases de gramática.

El concepto de “emancipación intelectual” que plantea Rancière es la toma de conciencia de la igualdad de las inteligencias, no solo de los estudiantes entre sí, sino del profesor con sus estudiantes. De ambos lados existe una capacidad igual por entender y explorar temas nuevos. No se trata de que haya un maestro que enseñe y guíe (y a la vez limite) los procesos de aprendizaje. Se trata de que haya una voluntad permanente de aprender y de que exista la conciencia de una inteligencia emancipada, cuyas capacidades en nada difieren con otra inteligencia del mundo y de la historia.


Así, el papel del maestro en este método se limita al de guiar discretamente por medio de preguntas y desafíos el desarrollo de la inteligencia de los alumnos. El cambio de paradigma en educación que requiere de maestros ignorantes y de inteligencias emancipadas potencia, según Rancière, los resultados del proceso educativo. 


Fuente de las imágenes: encabezado, http://angelgt.blogspot.com; portada de libro: https://studylib.es

lunes, 6 de marzo de 2017

El estrés escolar



El Gaokao es un examen que se practica en China y sus resultados determinan el acceso que millones de jóvenes tendrán a una educación superior. Esta práctica ha generado mucha polémica a nivel mundial por los altos niveles de presión al que son expuestos los estudiantes, pues de la aprobación del examen no depende únicamente el acceso a la universidad, sino también la seguridad económica que la familia tendrá en el futuro.

Este caso es un el extremo de presión ejercida sobre estudiantes. Muchos estudios han demostrado que el sometimiento de los estudiantes a cargas académicas excesivas repercute de forma negativa en otras áreas del aprendizaje. Provocan estrés escolar, disminuyen la creatividad y la motivación por estudiar e interactuar con sus compañeros.

Es preciso señalar que el estrés infantil o juvenil no es generado únicamente por el apremio de obtener una calificación positiva. También pueden ser factores otros elementos como la participación en la clase, las rivalidades entre compañeros, la aceptación o el rechazo en un grupo, la desaprobación de sus padres, entre otros.

El estrés escolar es un riesgo latente que resulta de estas altas cargas de presión en las instituciones educativas. La velocidad con que avanzan la tecnología, la política y el mercado en el siglo XXI ha hecho que la calidad de vida se deje a un lado, y se le dé más importancia a los resultados mensurables. Y los estudiantes no han sido la excepción a esta dinámica. Muchas veces afrontan grandes cargas de presión tanto de parte de sus padres como de sus profesores por obtener resultados aceptables, pues relacionan estos resultados con la competitividad que podrán tener en el futuro, como profesionales o trabajadores. Sin embargo, la relación no es siempre directa, y más importante que cumplir con los requerimientos de un programa, es importante formar en las personas competencias para la vida.

Es importante cuestionarnos como profesores sobre la relevancia que el desarrollo de ciertas actividades tiene para la formación del estudiante. Y ante el volumen excesivo en cargas académicas que aún existe en algunos establecimientos, es recomendable lidiar con el estrés escolar a través de la dispersión eventual en actividades artísticas o creativas. Se pueden crear programas extracurriculares de música, artes o deportes, ya que estos suelen ser excelentes opciones para mitigar los efectos de cargas académicas que resultan demandantes. Con esto no solo logramos evitar consecuencias negativas del estrés sino estimular a los estudiantes en otras áreas de su conocimiento y habilidades personales.

Fuente de la imagen: https://www.etapainfantil.com