lunes, 6 de febrero de 2017

Las bibliotecas del siglo XXI


Las bibliotecas no han sido la excepción del conjunto de cambios ocasionados a raíz del desarrollo de Internet. El paradigma de la biblioteca como un lugar que alberga en sus estantes el conjunto más completo de herramientas necesarias para la investigación y para la formación académica ha sido ampliado. Y si bien esta función es habitual, está enmarcada dentro de un objetivo mayor: la de propiciar el intercambio y la transmisión del conocimiento. Sin importar si este intercambio se da a través de libros, películas, revistas, bases de datos en línea, conciertos, conversatorios, entre otros. Según Hannelore Vogt, directora de la Biblioteca Municipal de Colonia (Alemania), el debate y la crisis que enfrentaron las bibliotecas con la aparición del libro digital pierde sentido, si la función se observa a este nivel.

Para poder cumplir con este objetivo, las bibliotecas también deben cambiar algunos paradigmas y adaptarse a nuevas formas de aprender que han surgido junto con el desarrollo de la pedagogía. Por ejemplo, de pasar a ser espacios silenciosos, muchas bibliotecas habilitan mesas de grupo para poder entablar discusiones, aisladas de los espacios de trabajo individuales. También, en algunos casos, se promueven actividades que rompen con la rutina normal de estudio y de trabajo: presentaciones de libros, ciclos de cine o de ópera, entre otros. Estos eventos posicionan a las bibliotecas como verdaderos centros culturales, sin perder de vista que una biblioteca no debe de dejar de ser nunca un centro de aprendizaje.

Muchos directores de bibliotecas de centros educativos se quejan de la poca cantidad de recursos que son destinados para ampliar el catálogo de las instituciones que dirigen. Si tenemos en consideración la función esencial de las bibliotecas, un catálogo limitado no debería de limitar el alcance de la institución ni su relevancia. Los recursos electrónicos y la generación de espacios de diálogo son una buena alternativa para dinamizar y darle vitalidad a estos espacios.

Si bien es cierto que las bibliotecas han estado siempre llenas de vida, con estas actividades resultan mucho más atractivas para las generaciones jóvenes. En Guatemala, algunas bibliotecas ya comenzaron a implementar programas de clubes de lectura o ciclos de cine, y los resultados han incidido de forma positiva en los usuarios. La directora de la Biblioteca Nacional está tratando de promover la institución como un espacio disponible para presentar libros o hacer lecturas de poesía, y estos modelos pueden ser replicados en instituciones más pequeñas.


Revisitemos nuestras bibliotecas. No dejemos que se pierda la función social que siempre han tenido. 

Imagen: Biblioteca Municipal de Ámsterdam, de la cual puedes ver un video en este enlace.

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