lunes, 29 de junio de 2015

La oportunidad perdida de los libreros

La industria del libro – en inglés y en español al menos – ha derivado en una fórmula que funciona para llenar las librerías de aeropuertos, entretener un tiempo de espera y darle a alguien una serie de puntos para una conversación inteligente. Son libros de grandes ideas, como les llama el crítico Sam Leith, pero quizá demasiado grandes. Sus conclusiones tienden a lo categórico ("lo que hemos aprendido y lo que nos falta aprender de la crisis", "cómo el internet nos está entorpeciendo" y "qué necesitamos para enmendar la política"). Sus argumentos son fáciles de resumir en un artículo de mil palabras y todos tienden a responder a una gran pregunta. Son fácilmente imitables y en efecto, se imitan con facilidad. Pero, como Leith, es posible preguntarse si la ficción no debería ser un formato ideal para abordar temas específicos, bien investigados y con los matices que necesitan por su complejidad. ¿Nos estamos perdiendo de una importante oportunidad?


Los libros de grandes ideas tienen su lugar, pero es preocupante que todas las editoriales tienden a producir un solo tipo de material. "Tenemos una multitud de libros que argumentan que el internet es la respuesta (o la causa) de todos los problemas. Tenemos muchos otros que nos recuerdan la importancia de la concentración, la distracción o el estrés. Y tenemos otros tantos de esos temas que se mantienen vigentes, como el debate entre la ciencia y la religión o esa subcategoría que se preocupa de lo que significa "ser" humao," escribe Leith. Y en cierta forma, la no ficción ha convertido su misión de ayudarnos a entender el mundo en sus profundidades y complejidades en una oportunidad para vender más al llenar nuestra demanda por ideas simples, sesgadas y no muy bien investigadas.

¿La razón? El modelo de negocios. A medida que la gente ha optado por los píxeles y compra cada vez menos libros, los costos de producir ensayos y crítica de calidad – pagar la investigación, las placas de impresión, el papel, las fotografías, el indexado y varios otros costos – son mucho más altos que el retorno esperado. Añadiendo al análisis, es importante reconocer que hay mucha variación entre autores y mercados, y es importante que quienes tienen los recursos para invertir aprendan a priorizar las buenas ideas. Claramente hay un riesgo en apostarle a este tipo de material; las ventas pueden ser menores de lo esperado para cubrir los costos. Pero el mercadeo no pelea con las buenas ideas, siempre y cuando aprendamos a mantener la esencial del debate de altura, que incluye ideas sesudas, matizadas y que preservan la intención fundamental de aprender y ayudar a otros a hacerlo igualmente.

lunes, 22 de junio de 2015

¿Cómo evitar el pensamiento de grupo en el colegio?

Los colegios, escuelas e incluso la cultura en general han comprado la idea de la colaboración como la llave de la creatividad y los logros personales – las empresas prefieren oficinas sin paredes, premian las habilidades interpersonales por encima del talento y los genios solitarios quedan al margen. Pero el otro lado de la moneda de una importante tendencia hacia aprovechar el talento compartido de un grupo de estudiantes o trabajadores es que la uniformidad pone en riesgo la creatividad y la innovación. Muchos estudiantes, por su personalidad introspectiva, prefieren la privacidad y la libertad de toda interrupción. Aunque muchos son extrovertidos y aprenden del intercambio entre distintas ideas y propuestas, otros se ven a sí mismos como independientes e individualistas. Pero en el mundo donde necesitamos hacer un balance entre los extremos, ¿Cómo se puede combatir la mentalidad de grupo y el énfasis en la colaboración? Es difícil, pero no imposible.


Atreverse a estar en desacuerdo

Todos hemos experimentado el deseo de conformarse con el grupo, incluso a pesar de estar concientes de nuestro error. En el salón, esto se muestra como una tendencia a callar las voces que están en desacuerdo, pero la señal que envía la uniformidad en el pensamiento es peligrosa, puede dañar nuestra habilidad de pensar de forma crítica y resolver problemas de forma creativa.

Una forma de reducir este efecto es asegurarnos que los equipos de trabajo grupal sean diversos. Al tener personas con distintos trasfondos, se puede impedir la tendencia a polarizar la discusión. También es útil crear una serie de normas que invitan a todos – incluso a los más convencidos de su propia opinión – a escuchar puntos de vista alternativos.

Abrirse a nuevas ideas

Los líderes natos tienden a impulsar sus ideas con más convicción que otros. Y esto es natural en grupos de aprendizaje, pero así como varios profesores tienden a ser más convincentes en ciertas discusiones, deben generar el espacio para que otros puedan retar sus puntos de vista. Esto puede involucrar crear un espacio o un momento específico para que quienes piensan distinto comuniquen sus visiones. Si este espacio no existe, es más probable tender al pensamiento de grupo.

Alentar la responsabilidad individual

Los psicólogos sociales han demostrado que las personas son menos propensas a actuar con decisión si pueden transferir la responsabilidad de sus acciones a otras personas. El ejemplo es conocido, alguien que reduce el esfuerzo que pone en una tarea si está trabajando en un grupo. Para remediarlo, sin embargo, hay que convertir esa tarea o trabajo pendiente en una motivación: si crees que tu esfuerzo se convertirá en un resultado valioso (como un reconocimiento, una fuente de orgullo o incluso un premio) es más probable que te comprometas con todas tus energías. Si, por el contrario, crees que tu trabajo no va a hacer ninguna diferencia, el resultado será peor de lo esperado.

¿Tienen otras ideas para evitar que el pensamiento de grupo se convierta en un obstáculo al aprendizaje?

lunes, 15 de junio de 2015

¿Cómo usar historias para aprender sobre números?

Las ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas son cada vez más importantes, pero su enseñanza es un reto para todos los educadores. Implica romper paradigmas y convencer a los estudiantes del significado y el valor de lo que están aprendiendo, más allá del salón de clases.

Por suerte, una de las formas para hacer que los estudiantes se sientan cómodos es relacionar los conceptos científicos y matemáticos con el lenguaje, una herramienta con la que la mayoría nos sentimos cómodos, a través de historias. La literatura puede enseñarnos sobre números y descubrimientos científicos también.

El profesor de computación Lev Fruchter enseña a alumnos de nivel medio en Nueva York. Pero en vez de ofrecerles hojas de ejercicios, los pone a leer. En una nota reciente en Mind/Shift da el ejemplo del cuento corto de la escritora de ciencia ficción Ursula Le Guin, "Los que abandonan Omelas". En ella, Le Guin describe una ciudad utópica en que todo el mundo tiene lo que quiere o necesita – belleza, felicidad y un largo etcétera – pero todo esto es posible porque un sólo niño es mantenido en la oscuridad, separado de toda luz y alegría. Los ciudadanos deben ir a ver a este niño, pero algunos no pueden soportar la culpa y abandonan la ciudad.

Ursula Le Guin

Fruchter dice que, luego de leer la historia, hablan de los elementos que hacen que la ciudad de Omelas sea utópica, y toma esta discusión como un punto de partida para hablar de ecuaciones. Hablan de añadir cosas buenas y multiplicarlas, o de substraer los elementos negativos que componen a una sociedad, que casualmente es la forma en que un programador debe pensar al momento de escribir un software de computación. "Es una forma de hacer que las ecuaciones cobren sentido".

Al enseñar el módulo computacional de sus clases de computación, este mecanismo le permite a Fruchter atraer el interés de los estudiantes que de otro modo estarían desinteresados. Enfocarse en un proyecto, además de tener una detallada comprensión de las implicaciones de lo que se está haciendo (al relacionarlo con la historia) es uno de los beneficios de abandonar la típica hoja de trabajo.

lunes, 8 de junio de 2015

Las ventajas y desventajas de la educación en línea

La educación digital como la conocemos hoy en día – una multitud de cursos en línea sobre las temáticas más diversas – inició en 2011. Tres profesores universitarios (Stebastian Thrun, Daphne Koller y Andrew Ng) empezaron a ofrecer sus cursos de ciencias de la computación en línea, cada uno reuniendo a más de 100 mil estudiantes. En 2012, Thrun fundó Udacity y Koller y Ng fundaron Coursera, y para mediados de ese año, las universidades ya habían empezado a darse cuenta del cambio que venía.

Foto: Cultura Exclusive

Hoy en día, Coursera cuenta con casi 120 convenios con universidades, 180 empleados y sus cursos fácilmente exceden las decenas de miles de alumnos inscritos. Cada curso requiere una combinación de lecciones en video, tareas y exámenes, y en promedio, toman de cuatro a seis semanas. La mayoría son gratis, pero se ofrecen certificados pagados para demostrar que se han completado.

Sin embargo, no han llenado las expectativas de todos. Aunque Coursera pasó recientemente la marca de 2 millones de cursos completos, hay una gran tasa de abandono. En una entrevista reciente para el Wall Street Journal, la cofundadora de Coursera explica algunos de los motivos – y tienen que ver con las ventajas y desventajas de la educación en línea. Koller dice que la educación en línea te puede enseñar las habilidades y los hechos básicos de una disciplina, que permite a los estudiantes aprender a su propio ritmo y le ofrece una importante cantidad de retroalimentación a los instructores, que pueden monitorear qué preguntas funcionan mejor y cómo los estudiantes pueden acelerar su prograso.

Sin embargo, la tecnología no ofrece la experiencia que tiene una universidad tradicional: es un proceso de socialización, de diálogo y en ciertos casos, de prestigio. Además, es complicado comparar la educación presencial con su variante digital en la actualidad. Muchos se han enfocado en el precio, dice Koller, pero ella no cree que ese sea el problema: "Para mí, más importante que la reducción de costos es la mejora de los resultados finales".

Agrego una variante: los cursos digitales masivos también democratizan el conocimiento. Quizá no es posible sustituir el valor de un diploma de Harvard por un certificado digital, pero la proliferación de cursos de universidades como Princeton y Stanford, o lecciones especializadas en problemas concretos que pueden ayudar a un profesional a resolver un problema contribuyen a expandir el acceso a la educación de quienes tengan el interés por aprender algo nuevo. Y el cambio puede ser importantísimo.

lunes, 1 de junio de 2015

La diferencia entre un trabajo, un carrera y una vocación

¿Cómo convertir nuestra motivación interna en el combustible para todo proceso de aprendizaje que nos encontramos? La artista y diseñadora Elle Luna explora una pregunta similar en su ensayo "The Crossroads of Should and Must", un manifesto ilustrado que habla de uno de los dilemas fundamentales de todo estudiante, profesional y – en corto – de todo ser humano.

Luna dice que es importante distinguir entre un trabajo (algo que típicamente se hace de 9 a 5 y a cambio de un salario), una carrera (un sistema de pasos donde el comportamiento se ajusta para lograr un propósito) y una vocación (algo que nos sentimos llamados a hacer independientemente de la recompensa que podemos obtener). Ella misma era incapaz de decidir si lo que hacía era un trabajo, una carrera o un auténtico llamado. Y para responderlo, lo que hizo fue preguntarse algo mucho más amplio: ¿Estoy haciendo las cosas que tengo que hacer, o las que debo hacer? Esta es la diferencia:

"Tener que hacer" es la forma en que otros quieren que vivamos nuestras vidas. Son todas las expectativas que otras personas apilan sobre nosotros. Los "tienes que" pueden ser pequeños, inofensivos y fáciles de acomodar. "Tienes que escuchar esta canción" por ejemplo. Pero a veces, los "tienes que" pueden ser sistemas de pensamiento muy influyentes y, en su extremo más destructivo, nos obligan a vivir nuestras vidas de forma distinta.


Lo que debemos hacer es diferente. Nuestro deber es quiénes somos, en qué creemos y lo que hacemos cuando estamos solos con nuestro "yo" más auténtico. Es nuestra convicción, nuestras pasiones y nuestros deseos más profundos – ineludibles, innegables y a menudo inexplicables.


En general, sabemos que seguir nuestro llamado es una tarea enorme y a menudo preferimos limitarnos a lo que tenemos que hacer. Y sí, es más sencillo. Siempre está la opción de culpar a otra persona, a nuestro trabajo o a la situación cuando el problema está en nosotros y tratar de cambiar las cosas que tenemos que hacer por otras distintas: hacemos nuevos contactos, buscamos un trabajo distinto o estudiamos una carrera diferente.

Sin embargo, Luna dice que escoger nuestro "deber" o nuestro llamado es lo más importante que podemos hacer: así como nos responsabiliza de nuestros errores, también abre las puertas a tomar el control de las cosas que hacemos. Y a pesar de la gran dificultad que esto implica, la recompensa casi siempre es mayor.

Lee el ensayo original aquí. Y la versión ilustrada aquí.