domingo, 17 de mayo de 2015

"Soy malo en las matemáticas"

Nada podría estar más alejado de la verdad, pero a fuerza de repetición, hemos llegado a creer que de hecho hay personas que son buenas para las matemáticas y personas que simplemente no lo son. El problema es que esta creencia, aparentemente inofensiva, puede estar deteniendo a muchos estudiantes talentosos de lograr su potencial.


Nuestra actitud importa

El problema no se reduce a las habilidades matemáticas. Varios estudios han demostrado que las personas que sostienen una visión de la inteligencia como algo natural o que se trae en los genes se convierte en una profecía autocumplida en buena parte de los casos. Patricia Linehan, de la Universidad de Purdue, dice que hay dos concepciones fundamentales sobre este tema: Por un lado, los estudiantes con una orientación incremental creen que la inteligencia es maleable y puede incrementar con el esfuerzo. Por el otro, los estudiantes con una orientación estática creen que la inteligencia no es maleable y que no incrementa con el esfuerzo.

Y nuestra actitud determina una buena parte de nuestros resultados. Una actitud negativa reduce la motivación y el esfuerzo real que dedicamos a la práctica conciente, mientras que una actitud positiva nos ayuda a romper estas barreras que, en buena medida, son artificiales. Es verdad que existen varios impedimentos específicos para el aprendizaje de las matemáticas como la discalculia (el equivalente numérico de la dislexia) o la incapacidad por concentrarse en un problema de forma sostenida. Pero varios estudios han demostrado que, en promedio, quienes creen en la inteligencia como una variable incremental tienden a rendir mejor en las pruebas.

¿Cómo romper paradigmas?

La matemática es confusa, sí, pero también lo es andar en bicicleta. Sólo que a nadie se le ocurriría decir que hay personas que nacieron para andar en bicicleta y personas que no. Así que nada detiene a los niños de cinco años tratando de abandonar las ruedas de entranamiento, que trabajan y practican hasta que dominan el equilibrio y pueden montar bici sin rasparse las rodillas.

En su libro Inteligencia y cómo conseguirla, Richard Nisbett describe un estudio en que las personas que creían no tener capacidad para aprender matemática son convencidos de lo contrario. Y en todos los casos, la ruptura del paradigma los hace mejorar considerablemente en poco tiempo — no es ninguna broma andar por la vida convencido que la inteligencia es algo más allá de nuestro control.

Nisbett también explica que sistemas educativos de otros países se enfocan más en el tiempo y la calidad de la práctica. En Japón y Corea, por ejemplo, no necesitan ningún recordatorio de que los logros intelectuales son el resultado de la práctica y el esfuerzo. Ese problema quedó resuelto hace más de 2500 años. "La persistencia de cara al fracaso es parte de la tradición asiática de auto-mejoramiento. Y en estos países, las personas están acostumbradas a la crítica que muchos de nosotros [en Occidente] rehuímos".

Enfocarnos en la matemática — y otras habilidades como el lenguaje, la estadística y la administración — puede ayudarnos a mejorar nuestro desempeño y motivar a otros a entrar a campos relacionados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario