lunes, 27 de abril de 2015

Un momento de pausa

En su laboratorio, los psicólogos cognitivos John Kounios y Mark Beeman empezaron a estudiar lo que ocurre en nuestro cerebro cuando te llega el momento de revelación, ese famoso "eureka" que ocurre cuando somos capaces de resolver un problema o descubrir una nueva solución a un estímulo. Usando acertijos y problemas para estudiar la actividad cerebral, descubrieron que justo antes del momento en que se presenta un problema, descubrieron que en ciertos casos, hace falta un momento de pausa.

Para un grupo reducido de personas, su proceso es más bien desordenado. Parecen recopilar información por donde vayan, caminando por la calle, estudiando a los demás, y haciendo pequeñas observaciones de cosas que parecen irrelevantes. Para ellos, el momento anterior de una epifanía consiste en una elevada actividad consciente que busca recopilar más y más información. Una vez reúna todas las conexiones suficientes, llega el momento "a-ha!".


Para personas más analíticas, Kounios y Beeman descubrieron que la corteza cerebral atenúa su actividad un poco antes de ese proceso de descubrimiento. ¿El propósito? Dejar de percibir nuevos estímulos del ambiente, entrar en un momento de introspección y descubrir ideas y conexiones inesperadas que quizá se hayan estado gestando en el subconciente. Aunque mucha información haya sido recopilada de forma previa, hace falta que todo ese archivo se consolide en una nueva revelación. Y para eso, hace falta ese pequeño parpadeo.

Como este es un proceso que no puede forzarse o imponerse de ninguna manera, Kounios y Beeman dicen que lo mejor que puedes hacer para fomentar un descubrimiento similar es ser generalmente receptivo y exponerte a muchos estímulos. Además, no dejes de dormir a tus horas. Así como ese parpadeo o momento de pausa sirve para consolidar información durante la vigilia, hay un proceso similar que consolida nuestras memorias y las convierte a memorias de largo plazo cuando pasamos por una fase de sueño profundo.

Para mejor claridad, lee esta conversación con los psicólogos en Fast Company y comparte estas notas visuales sobre el tema.



HT Edutopia

lunes, 13 de abril de 2015

Cómo cambiar nuestros hábitos sin fallar en el intento

Todo el mundo tiene un hábito que ha tratado de romper sin demasiado éxito, o ha fallado al tratar de imponerse algún hábito positivo, como leer todas las noches antes de ir a la cama. ¿Será que nuestras mismas creencias sobre cómo generar un cambio nos están reteniendo?

Gretchen Rubin, autora de Better than Before: Mastering the Habits of Our Everyday Lives, sugiere que abandonemos algunos de los mitos sobre cómo crear y romper hábitos, algunos de los cuales se han vuelto populares a pesar de ser inválidos.

Imagen via Getty

1 - El número mágico

Rubin dice que la receta de que toma 30 días construir un hábito (o 21 o 28, depende a quien le pregunten) está equivocada. Un estudio demostró que los hábitos se forman en un promedio de 66 días, pero al ser un número promediado no nos dice nada: Algunos hábitos se forman en un día y otros en cuestión de años. Y la verdad es que dependen de una mezcla de personalidad, compromiso, presión externa y la dificultad del hábito en cuestión, más que del tiempo y la repetición.

2 - No hay una lista maestra de hábitos

A pesar de libros famosos como "Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas" y sus derivados, no hay una lista de hábitos maestros que garanticen nuestro paso de la mediocridad al éxito y la fama. Algunas personas de éxito se levantan temprano - y según el refrán, reciben la ayuda de Dios. Otras trasnochan o ven la luz del día siguiente antes de irse a la cama. Algunas beben café y algunas otras tienen sus rachas de creatividad en las altas horas de la noche. Sería ideal si pudiéramos copiar a Steve Jobs y hacernos emprendedores, o a Haruki Murakami y hacer una carrera de escribir un libro al año. Pero lo cierto es que hacemos mejor aprendiendo a pensar sobre los hábitos que nos sirven A NOSOTROS: ¿Cuál es nuestra personalidad? ¿Qué queremos lograr? ¿Cuáles son nuestras limitaciones?

3 - Todo el mundo necesita un descanso

Tenemos la impresión equivocada de que los hábitos correctos mantienen nuestra atención orientada hacia metas concretas: queremos ser comprometidos, dedicados y eficientes. Sin embargo, también hay que aceptar que hay distracciones buenas y malas. A veces, necesitamos dirigir nuestra atención hacia algo que parece poco importante pero que cumple la función de calmarnos y de recargar nuestras energías para que podamos seguir la marcha.

4 - Retroceder no está prohibido

Finalmente, no hay problema si un día recaemos en los malos hábitos que queremos romper o si no logramos hacer lo que nos propusimos. Incluso si fallamos, dice Rubin, hay que asegurarnos de fallar en pequeño y no en grande. De esa forma, segmentamos el efecto negativo de nuestros errores y podemos aprender de ellos. El secreto es volver a intentarlo.

Pueden leer esta conversación del equipo de FastCompany con la autora de Better than Before.

domingo, 5 de abril de 2015

Tomar notas: ¿a mano o a computadora?

Si entran a cualquier lección universitaria o visitan las aulas de un colegio hoy en día, verán grupos de estudiantes sentados detrás de pantallas brillantes y escribiendo con cierta velocidad en sus teclados. Vamos a darles el beneficio de la duda y asumir que en vez de distraerse, están tomando notas para recordar mejor el material de sus cursos. Pero investigadores han demostrado recientemente que si aprender es su propósito, usar una computadora durante sus clases es una idea terrible, más allá de su estilo o preferencia personal.

Imagen: Getty

Los psicólogos Pam Mueller y Daniel Oppenheimer creen que el motivo es que cuando usamos una computadora para tomar notas, tendemos a escribir todo lo que un profesor dice, tratando de grabar el contenido en un formato textual. Quienes optan por el viejo estilo de tomar notas a mano, por el contrario, tienen que decidir activamente qué es lo más importante. Como no pueden escribir lo suficientemente rápido para anotar toda la información relevante, su cerebro se ve forzado a establecer una jerarquía y escribir sólo lo más importante.

Lo que hicieron fue comparar la capacidad de los alumnos de recordar el contenido de sus notas, comparando a quienes lo hicieron a mano y con su computadora. Primero, vieron una conferencia de TED y fueron evaluados media hora después de sus notas. Algunas de las preguntas eran sobre un hecho o número particular, mientras que otras eran conceptuales, que requerían la comparación o análisis de las ideas. ¿La conclusión? Los dos grupos fueron similares para las preguntas de hecho, pero los que tomaban notas a mano fueron mejores al analizar los conceptos e ideas de fondo.

Las computadoras sí que son útiles recolectando una cantidad de información mayor y, al momento de estudiar las notas de clase, puede ser más útil haber abarcado una porción más grande de lo que se ha dicho en clase. Sin embargo, las computadoras del estudio estaban desconectadas del internet - y esto no es menor. Es bastante obvio que los estudiantes con acceso a internet se distraen, pero si necesitan una cifra que lo demuestre, los estudiantes analizados en un estudio reciente tenía algo completamente irrelevante para sus clases abierto en sus pantallas un 40% del tiempo. Además, su desempeño disminuyó y su satisfacción con la calidad de educación que reciben se ve igualmente afectada.

Esto no quiere decir que todo el mundo deba hacer un boicot a la tecnología en las aulas y regresar a los cuadernos, pero con la tecnología disponible, es necesario hacer un uso más inteligente de las herramientas a nuestra disposición.