lunes, 16 de febrero de 2015

Al-fa-be-to

Michael Rosen se sabe sus vocales y consonantes. Es un poeta, novelista y además, conduce un programa de radio de la BBC donde explora el código que representa el lenguaje de forma muy particular, enfocándose en las letras, no las palabras. En "Word of Mouth" - literalmente "boca a boca" - explora la evolución, pronunciación y los usos de cada letra a través de los siglos, encontrando conexiones locas como las batallas en las que se ha inmiscuido el alfabeto para llegar a ser lo que es hoy en día.

Para el alfabeto latino, podemos encontrar algunas historias similares: La "W" se la debemos a los anglosajones, por ejemplo, que representaban con dos "V" seguidas lo que en inglés antiguo era Ƿ (pronunciado "wynn"). Eventualmente, ambas "vv" eran tan parecidas que se fusionaron en la "w" moderna. Igualmente, la J empezó a utilizarse en diferenciación de una "I" larga pero no obtuvo reconocimiento hasta el siglo XV, y la "Ñ" tan propia del español se forjó en la edad media, combinando dos "N" seguidas con una raya que las unía por encima.


Rosen sabe que todas las reglas del idioma son convenciones y que, por lo mismo, son temporales. Cuando algo provoca que la vida de las personas cambie de alguna manera - las guerras, revoluciones, la migración, el choque de culturas y demás - los cambios se verán reflejados en el idioma.

De forma consciente o no, su libro "Alphabetical", rastrea esta filosofía sobre los usos y costumbres del lenguaje. Nuestras letras son una herramienta práctica porque las personas las usan de forma consistente, pero también están sujetas a enormes variaciones, saltos repentinos y mutaciones inesperadas. Todo esto es la sal y pimienta de la comunicación humana.

Así como las letras continúan evolucionando, el lenguaje que construyen también progresa poco a poco.

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