lunes, 6 de octubre de 2014

El hombre y la máquina

En 1996, el maestro ruso del ajedrez y entonces campeón mundial Garry Kasparov jugó contra una computadora diseñada específicamente para vencerlo. Él la venció en ese primera ocasión, y al año siguiente, accedió a una revancha. Kasparov ganó el primer juego de ese nuevo set, jugando con las piezas blancas y aunque en el segundo estaba luchando con las piezas negras, puso una trampa en la que su contrincante - Deep Blue - no cayó y lo venció. Tres juegos más acabaron en empate y Deep Blue ganó el sexto juego, el decisivo. Esa fue la primera ocasión en la que una computadora vencía a un ser humano en un juego de ajedrez de múltiples encuentros.



Ajedrez es un juego que requiere estrategia, creatividad y una serie de talentos que lo convierten en un test de inteligencia más efectivo que casi cualquier prueba de inteligencia o coeficiente intelectual. Por eso, se convirtió en un hito del avance de la inteligencia artificial y de la capacidad de una computadora por vencernos en una tarea hasta entonces reservada para los seres humanos. Lo que ocurre es que, aunque una computadora sea capaz de ejecutar cálculos extremadamente complicados a una gran velocidad, el ajedrez hace que la habilidad puramente computacional palidezca. Las posibles combinaciones de movimientos, jugadas y estrategias para ganar un juego son más que la cantidad de átomos que hay en el universo, por lo que después de un par de movimientos, el cálculo simple no es un procedimiento tan fácil.

Los seres humanos, Kasparov incluído, tampoco pueden calcular las posibilidades y delimitar cuál es el mejor movimiento posible. Pero tenemos una ventaja distinta: jugamos a través de conjeturas, o razonamiento heurístico. Así que la discusión es realmente entre la fuerza bruta (computacional) y el ingenio creativo (que opera a través de reglas tácitas, que un maestro llega a aprender e intuir casi automáticamente).

Por el momento, las computadoras aún saben más de lo primero que de lo segundo. Un miembro del equipo de IBM que contribuyó a diseñar a Deep Blue, explica la diferencia así: Asumamos que el juego contra Kasparov hubiera sido en el World Trade Center y los ataques del 11 de septiembre hubieran ocurrido en ese momento. Kasparov hubiera corrido como loco. Nosotros hubiéramos corrido como locos para escapar. Deep Blue se hubiera quedado allí, sólamente computando. Y en un universo tan complejo como el nuestro, tanto la intuición como el razonamiento frío tienen su lugar.

Las computadoras que juegan ajedrez seguirán siendo un adalid de la última moda en desarrollo computacional, mucho más allá de ese primer momento en que los humanos empezaron a perder, pero el debate continúa sobre las ventajas que pueda tener un ser humano.

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