viernes, 24 de octubre de 2014

Tenemos los medios que merecemos

El mundo de hoy está lleno de expertos. Se dice de ellos que son los más conocedores de un tema específico, que tienen más información o un acceso más directo a fuentes y que por eso, nos sirven de guía para entender un tema. Sin embargo, no hay dos expertos que estén hechos iguales. Varían de una a otra disciplina y en algunos casos, son mucho menos útiles de lo que pensamos. En el mundo donde el conocimiento no es lo mismo que la simple abundancia de la información, vale la pena aprender a distinguirlo.

En televisión, no es raro encontrarse con una serie de programas donde analistas políticos emiten grandes predicciones sobre lo que ocurrirá en la aprobación de ciertas leyes, el auge y caída de ciertas carreras de personajes públicos, la próxima elección y la última tendencia. No es extraño, porque mientras más sensacionalista el titular, mejor. Por ejemplo, "Matanza al estilo venezolano" (ignorando las sensibilidades del caso de Venezuela), "Habrá Cientos de Muertes por las Vacunaciones de la Gripe Porcina". El punto es que, aunque no todos tienen que ser "Los UFOs de Roswell Predichos por la Biblia", muchas veces los medios creen que para atraer nuestra atención necesitan resaltar, y lo hacen en todos los grados de exageración y sentimentalismo.



Un ejemplo más sutil es el de Russell Brand, a quien deben conocer más por las películas que por su activismo. A pesar de dedicarse fundamentalmente a la comedia, es un tipo que se ha presentado en múltiples ocasiones para emitir comentarios más serios. Busca utilizar su influencia y está bien. Otros lo han hecho anteriormente, como Bono para generar conciencia sobre el combate a la pobreza en África y Bob Geldof con una serie de campañas desde Live Aid, Band Aid, ONE Campaign y otras, básicamente dirigidas a objetivos de desarrollo. Pero de vuelta a Brand, quien tiene un libro que defiende la revolución (que define en el video de abajo) y donde profundiza en algunas ideas que suele compartir a través de Youtube.



No todo es tan fácil de hacer de menos, pero aunque algunos de sus puntos son válidos suele ser débil argumentando y casi nunca presenta información que lo soporte. Quiere una revolución, pero sólo la describe como una utopía donde todos nos tomamos de las manos, cuidamos de los otros y del planeta. Sin embargo, la culpa no la tiene Brand (ni Bill O'Reilly, a quien critica con todo el tino del mundo), ni Jaime Bayly ni cualquiera que sea el presentador de noticias en Youtube de moda.

La culpa es de la audiencia porque en vez de demandar información válida, demandamos un pronóstico, una predicción. Demandamos que la información nos sorprenda o nos saque de nuestros cabales, más que su exactitud o sus matices. Y demandamos que nos lo diga alguien que ya conocemos, en vez de estar dispuestos a escuchar los puntos de todos. (Todo esto es aún más importante a medida que estamos en transición hacia modelos de periodismo y medios puramente digitales). Para tener mejores medios, hay que cambiar nuestros hábitos de consumo.

martes, 14 de octubre de 2014

Expertos contra novatos

¿Es genial ser un experto? Probablemente, pero no es lo mismo ser esa persona que conoce todo lo que hay que saber en un área que utilizar las herramientas intelectuales y cognitivas en general para un trabajo más complejo, como la innovación, o analizar un problema de forma creativa. Lo que está de trasfondo es que mientras más conoces de un tema, es menos probable que puedas hacer una contribución realmente innovadora, porque esa ventaja que te dio la profundidad del conocimiento, te resta en la posibilidad de conectar con nuevas ideas y generar combinaciones poderosas y nuevas.


Usaremos un ejemplo de la prehistoria de la computación: los discos floppy o diskettes. Cuando Memorex era el líder del mercado del almacenamiento y la transmisión de la información, su producto estrella era el disco de 14 pulgadas, pero nunca concibieron la reducción de tamaño como un paso lógico a seguir. La competencia, Seagate Technology, tomó la delantera con el disco de 8 pulgadas y un líder emergió con el de 5, para dar surgimiento al disco final que medía 3.5 pulgadas apenas. Los líderes del mercado, por estar más establecidos y tener otro tipo de requerimientos, eran más lentos para transformar su operación y continuar innovando.

Tomamos esa anécdota de Inc, la revista de negocios y tecnología. Sin embargo, el autor de la misma nota también pone una serie de consideraciones necesarias para no caer en la trampa y dejar que el peso de nuestro propio conocimiento termine por hundirnos:

  • Parte una idea grande en sus términos más simples. Cuando lo hagas, será más fácil considerar las ideas buenas y separarlas de las malas, sin descartar mejores opciones.
  • Consigue que alguien sea el abogado del diablo. Es muy fácil buscar confirmación para tu creencia, o para el potencial éxito que pueda tener una idea. No es tan fácil criticarla desinteresadamente, por lo que designar a alguien cuyo trabajo sea precisamente eso, te obligará a tomar mejores decisiones.
  • Aprovecha a tus mentores: una buena idea para mejorar y diversificar el conocimiento (de una empresa, como para una persona individual) es enlistar mentores que tengan distintos trasfondos, que sean expertos en su tema y te ofrezcan una variedad de herramientas. Esto te empujará a diversificar tus ideas.
  • Nutre tu equipo con novatos, tanto como de expertos. La idea es que las visiones que no se han contaminado de las costumbres de una industria o empresa tienen una facilidad distinta para emitir juicios, sin estar comprometidos de antemano con una versión de las cosas.


¿Qué otras herramientas crees que podrían funcionar?

lunes, 6 de octubre de 2014

El hombre y la máquina

En 1996, el maestro ruso del ajedrez y entonces campeón mundial Garry Kasparov jugó contra una computadora diseñada específicamente para vencerlo. Él la venció en ese primera ocasión, y al año siguiente, accedió a una revancha. Kasparov ganó el primer juego de ese nuevo set, jugando con las piezas blancas y aunque en el segundo estaba luchando con las piezas negras, puso una trampa en la que su contrincante - Deep Blue - no cayó y lo venció. Tres juegos más acabaron en empate y Deep Blue ganó el sexto juego, el decisivo. Esa fue la primera ocasión en la que una computadora vencía a un ser humano en un juego de ajedrez de múltiples encuentros.



Ajedrez es un juego que requiere estrategia, creatividad y una serie de talentos que lo convierten en un test de inteligencia más efectivo que casi cualquier prueba de inteligencia o coeficiente intelectual. Por eso, se convirtió en un hito del avance de la inteligencia artificial y de la capacidad de una computadora por vencernos en una tarea hasta entonces reservada para los seres humanos. Lo que ocurre es que, aunque una computadora sea capaz de ejecutar cálculos extremadamente complicados a una gran velocidad, el ajedrez hace que la habilidad puramente computacional palidezca. Las posibles combinaciones de movimientos, jugadas y estrategias para ganar un juego son más que la cantidad de átomos que hay en el universo, por lo que después de un par de movimientos, el cálculo simple no es un procedimiento tan fácil.

Los seres humanos, Kasparov incluído, tampoco pueden calcular las posibilidades y delimitar cuál es el mejor movimiento posible. Pero tenemos una ventaja distinta: jugamos a través de conjeturas, o razonamiento heurístico. Así que la discusión es realmente entre la fuerza bruta (computacional) y el ingenio creativo (que opera a través de reglas tácitas, que un maestro llega a aprender e intuir casi automáticamente).

Por el momento, las computadoras aún saben más de lo primero que de lo segundo. Un miembro del equipo de IBM que contribuyó a diseñar a Deep Blue, explica la diferencia así: Asumamos que el juego contra Kasparov hubiera sido en el World Trade Center y los ataques del 11 de septiembre hubieran ocurrido en ese momento. Kasparov hubiera corrido como loco. Nosotros hubiéramos corrido como locos para escapar. Deep Blue se hubiera quedado allí, sólamente computando. Y en un universo tan complejo como el nuestro, tanto la intuición como el razonamiento frío tienen su lugar.

Las computadoras que juegan ajedrez seguirán siendo un adalid de la última moda en desarrollo computacional, mucho más allá de ese primer momento en que los humanos empezaron a perder, pero el debate continúa sobre las ventajas que pueda tener un ser humano.