lunes, 4 de agosto de 2014

No tan irracionales

Los últimos veinte años de descubrimientos en psicología nos dicen que somos presas de una variedad de errores de código. Preferimos ganarle a otro a tener la razón, confirmar lo que creemos que descubrir nueva información, interactuar con los nuestros en vez de explorar otras formas de vida. De ahí que muchos concluyen que nuestra facultad de razón está en constante pelea con otras fuerzas ocultas dentro de nosotros y algunos, aún así, dicen que debemos cambiar el paradigma de la racionalidad.

Es cierto, el paradigma al que se estaba comparando era demasiado rígido respecto a nuestras capacidades de conocimiento del mundo. En el siglo XX la economía y la teoría de juegos convirtieron a la persona racional en alguien definido por su cálculo con miras a la maximización del interés personal (cálculo lógico y matemático que era super conveniente a los académicos que hacían demostraciones bajo ese supuesto). Definitivamente, este hombre calculador está lejos de ser nuestra realidad.

El problema es que de la teoría a la práctica saltamos muy pronto. Varios escritores han convertido la tesis de la irracionalidad individual en una idea de irracionalidad pública, que dice que muchos ciudadanos actúan de forma irracional buena parte del tiempo y que por lo tanto, se puede dar uno o dos empujones para que la política y la sociedad actúe a favor de nuestros mejores intereses.


Pero esta idea trae sus propios problemas. ¿No eran igualmente irracionales los arquitectos de esos pequeños empujones que se vuelven políticas? ¿O será que la idea de irracionalidad pública no es igual de válida que la individual en la que se ancla? Incluso nuestra irracionalidad personal, ¿es insuperable o simplemente estadística? Este y otros temas se discuten en una interesante nota de Aeon Magazine que los invitamos a leer.

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