domingo, 8 de junio de 2014

Guatemala y sus ciudades


La gran contribución de las ciudades a la historia de la humanidad ha sido, ha riesgo de simplificar, ofrecer una cierta cercanía a las personas. De la cercanía surge una experiencia compartida que enriquece no sólo el comercio y el desarrollo de talentos, sino también un proceso de enriquecimiento cultural y de intercambio de ideas. Hasta ahí la generalidad. En lo específico cada ciudad es distinta. Hay algunas con más inmigrantes, por ejemplo, otras con mayor densidad urbana y menos extensión en el espacio, otras con cierta especialización como en la manufactura o el turismo. Para suerte de muchos, las capitales suelen ser una combinación de todo lo anterior. 

Las ciudades también tienen un lado oscuro. Al atraer a muchas personas en búsqueda de oportunidades, a veces carece de condiciones para recibir a los menos afortunados que aterrizan en sus territorios. Se producen condiciones de hacinamiento, de bajo nivel de acceso a servicios básicos o lo que se conoce como gentrificación, el desplazamiento de grupos de menores ingresos por la llegada y crecimiento de sectores más ricos a su lado. 

Así y todo, el balance generalmente es positivo. El caso de Guatemala es ejemplar. Concentra la mayor cantidad de inversiones, de universidades, de empleos y de desarrollo en el país, pero también concentra la violencia, las zonas marginales y los temas pendientes. 

El gran debate es convertir esos problemas en temas por resolverse, no tomarlos como el costo necesario de vivir en sociedad. Así, las ciudades guatemaltecas pueden aspirar a volverse proyectos a largo plazo más que la forma en la que, para bien o para mal, hemos resultado viviendo juntos. 

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