lunes, 23 de junio de 2014

Cómo pensamos: versión para educadores


Daniel Kahneman es un neurocientífico convertido en celebridad luego de recibir el premio Nobel de economía por mezclar esas dos disciplinas. En su último libro, Thinking, Fast and Slow, él explica el mecanismo de razonamiento de forma muy sencilla, en una historia que la explica utilizando dos personajes que él llama simplemente sistema 1 y sistema 2. La historia es simple. El sistema 1 es rápido, intuitivo y eficiente. Es lo que usualmente conocemos como la parte pre-conceptual de nuestro pensamiento. El sistema 2 es lógico y racional pero lento y consumidor de bastante energía. En general, vamos por el mundo utilizando siempre el sistema 1 y usamos el sistema 2 de forma limitada, cuando analizamos detenidamente una pregunta o de forma más fundamental, cuando decidimos ser conscientes sobre algo. Ahora bien, la interacción entre ambos sistemas es compleja y aún queda mucha tela por cortar incluso entre los científicos que analizan estos temas, pero aún en este punto hay una pregunta que cabe hacer a los educadores: ¿Cómo aprovechamos este nuevo "gran descubrimiento" de la psicología cognitiva para la educación?

En primer lugar, está el tema de la memoria.

La memoria es quizá la virtud más privilegiada por el sistema educativo actual. Los exámenes y las clases, basados en la impartición de conocimiento, miden la medida en que el alumno pueda recordar un contenido específico. En este tema, la neurociencia no tiene muchas respuestas definitivas, porque la memoria resulta de la interacción de varias regiones del cerebro y ha demostrado ser más compleja de lo que creíamos. Lo que sí es que tiene una gran lección de humildad porque, aunque nuestra cultura y nuestras vidas están estructuradas alrededor de lo que recordamos y establecemos como precedente, estudios evidenian que muchas veces nuestra memoria no es tan exacta como podemos pensar. Muchas veces, funcionan de forma asociativa y resulta haciendo conexiones que no son ni siquiera sobre el pasado. Para leer más al respecto, recomendamos este artículo.

Luego está el tema de la atención, crucial bajo el sistema de apendizaje por medi de sesiones de clase de períodos largos y estructurados por materias. La versión corta es que la atención es un recurso escaso y que tiene un alto costo de energía, por lo que hay que reestructurar buena parte de la forma en la que estudiamos y aprendemos. La versión larga la tienen disponible en este video, que les recomendamos.

lunes, 16 de junio de 2014

El paradigma de la escuela

El paradigma de la escuela es muy fuerte, porque tiene una larga historia de reproducir un modelo muy antiguo: el de la sesión que un profesor organiza ante un grupo de alumnos, que se supone que escuchan y en ese proceso hacen un análisis de la información para hacerse su propio juicio. Lo hacen alrededor de periodos de clase dedicados a distintas materias, usualmente por largos espacios de tiempo y en grupos estructurados por edades.

El gran problema, sin embargo, es la consecuencia que tiene ese sistema. Muchos alumnos pelean con la rigidez del sistema de evaluaciones, del sistema de instrucción y la incapacidad de muchos a adaptarse a algo que es, en cierta manera, muy antinatural. Por suerte, varios proyectos a nivel mundial han adquirido cierta relevancia para reformar la idea de la escuela, y repensar el paradigma de la educación como instrucción.

Entre las opciones están la metodología Montessori, las escuelas libres, las comunidades de aprendizaje, el homeschooling o educación en casa y otros. Las opciones comparten varias experiencias, más allá de las diferencias de principios que tienen algunos: son orientados a la creatividad del individuo, la iniciativa de los alumnos, el aprovechamiento de distintos tipos de talentos y a cuestionar el grado de uso de la autoridad en el salón de clase.

Luego de producir la película de 2012, La educación prohibida, el proyecto continúa mapeando algunas de estas metodologías alternativas a raíz de la discusión que generó el documental. Puede verse en este mapa interactivo y si conocen una opción que no ha sido agregada, inclúyanla.

domingo, 8 de junio de 2014

Guatemala y sus ciudades


La gran contribución de las ciudades a la historia de la humanidad ha sido, ha riesgo de simplificar, ofrecer una cierta cercanía a las personas. De la cercanía surge una experiencia compartida que enriquece no sólo el comercio y el desarrollo de talentos, sino también un proceso de enriquecimiento cultural y de intercambio de ideas. Hasta ahí la generalidad. En lo específico cada ciudad es distinta. Hay algunas con más inmigrantes, por ejemplo, otras con mayor densidad urbana y menos extensión en el espacio, otras con cierta especialización como en la manufactura o el turismo. Para suerte de muchos, las capitales suelen ser una combinación de todo lo anterior. 

Las ciudades también tienen un lado oscuro. Al atraer a muchas personas en búsqueda de oportunidades, a veces carece de condiciones para recibir a los menos afortunados que aterrizan en sus territorios. Se producen condiciones de hacinamiento, de bajo nivel de acceso a servicios básicos o lo que se conoce como gentrificación, el desplazamiento de grupos de menores ingresos por la llegada y crecimiento de sectores más ricos a su lado. 

Así y todo, el balance generalmente es positivo. El caso de Guatemala es ejemplar. Concentra la mayor cantidad de inversiones, de universidades, de empleos y de desarrollo en el país, pero también concentra la violencia, las zonas marginales y los temas pendientes. 

El gran debate es convertir esos problemas en temas por resolverse, no tomarlos como el costo necesario de vivir en sociedad. Así, las ciudades guatemaltecas pueden aspirar a volverse proyectos a largo plazo más que la forma en la que, para bien o para mal, hemos resultado viviendo juntos. 

domingo, 1 de junio de 2014

El arte de navegar un mapa


Toda una nueva generación de jóvenes que nacieron con un smartphone bajo el brazo incluyeron entre su acervo fundamental, además de la lectura y la escritura, el uso de los mapas de Google (o de Apple, para los usuarios de esa marca específica). Adquirieron la facilidad de ubicar un sitio de interés en Foursquare o Tripadvisor. Lo compartieron, con todo y foto, en Twitter o Instagram. Pero quítenles esa herramienta y abandónelos en una ciudad desconocida con un mapa de papel, y verán la diferencia entre seguir la orden de un teléfono inteligente y realmente estar ubicado en un sitio. Este no es un llamado de atención moralista que busca abandonar la tecnología móvil que hace tan fácil conducirnos por el mundo y hacer tareas esenciales, comunicarnos y descubrir cosas nuevas. Es, sin embargo, un llamado para aprender a aprovecharlas más.

Navegar un mapa es una de esas hazañas que desde los tiempos de los Vikingos en Escandinavia, de las excursiones comerciales de Oriente a Occidente y de las expediciones de Magallanes al sur del continente americano fue esencial. Quizá no eran demasiado eficientes y cometían errores (Colón cometió el más grande de todos al descubrir un nuevo continente) pero instalaron rutas de comercio, intercambio de bienes desde territorios lejanos y empezaron a fertilizar la cultura entre civilizaciones. Los instrumentos, el conocimiento del cielo y las estrellas, la flexibilidad con la que se manejaban las coordenadas y esencialmente, la falta de orientación satelital, eran las características centrales de aquellos viajeros antiguos.

Más que ser demasiado precisos, su logro era conocer el entorno de una manera distinta, más intuitiva. Esta forma de conocimiento es distinta de la experiencia actual al menos en que en vez de llegar de punto A a punto B tras una serie de instrucciones o pasos determinados, se aprovechaba más de la ruta y los caminos como valor en sí mismo. ¿Podemos hoy en día recuperar ese gusto por los recorridos mismos y no sólo por llegar a un destino específico?