lunes, 28 de abril de 2014

La ciencia: una forma muy humana de conocimiento

En 1973 se publicó una serie de la BBC producido por Jacob Bronowski, titulado The Ascent of Man y que acompañaba un libro del mismo título. En él, Bronowski rastreó el desarrollo de la humanidad a través de la ciencia y desde las herramientas de piedra hasta la física cuántica. En uno de sus episodios (11), llamado Conocimiento y certidumbre, Bronowski habla de la presión por controlar que pelea con nuestra incapacidad por saberlo todo, explicando una de las tensiones centrales del conocimiento.



Y la traducción del video la copiamos a continuación:

Hay dos partes al dilema humano. Una es la creencia de que el medio justifica el fin. Esa filosofía de botón de comando, de deliberada sordera al sufrimiento se ha vuelto el monstruo en la máquina de guerra. Otra es la traición del espíritu humano. La aserción del dogma cierra la mente y convierte a una nación o civilización en un regimiento de fantasmas.

Se dice que la ciencia hará a los hombres convertirse en números. Esto no podría ser más falso - trágicamente falso. Mire por usted mismo.

Este es el campo de concentración y crematorio en Auschwitz (el campo de concentración). Aquí es donde las personas fueron convertidas en números. En este estanque fueron vertidas las cenizas de 4 millones de personas. Y no fue hecho por el gas, sino por la arrogancia, el dogma, y la ignorancia.

Cuando muchos creen que tienen conocimiento absoluto, sin prueba de la realidad, es así como se comportan. Esto es lo que hace el hombre cuando aspira al conocimiento de los dioses.

La ciencia es una forma muy humana de conocimiento. Estamos siempre en el borde de lo conocido; siempre sentimos hacia adelante lo que esperamos conocer. Cada juicio en la ciencia está parado sobre el error y es personal. La ciencia es un tributo a que podemos saber a pesar de nuestras falencias.

Tenemos que curarnos de la urgencia por el conocimiento y poder absolutos. Tenemos que cerrar la distancia entre el botón de comando y el acto humano. Tenemos que tocar a la gente.

Obtuvimos la pista en Brainpickings, de donde traducimos la cita.

lunes, 21 de abril de 2014

¿Por qué amar la matemática? (En 10 ilustraciones)

Math with Bad Drawings (Matemática con malos dibujos) es un tributo a la ingenuidad de ciertos genios que no tienen talento para la estética que a veces se requiere de ellos. Esto no impide que Ben Orlin produzca y alimente su blog de contenido genial. En este caso, asistió a una conferencia en Baltimore donde invitó a los participantes a responder la pregunta de ¿por qué aman la matemática? Obtuvo 39 respuestas, incluyendo algunas de las que reproducimos a continuación:

1. Amo los patrones. Amo la cacería y amo que nuestra sed por esos patrones es tan profunda e instintiva que podamos llamarla canina.


2. Amo lo túneles subterráneos que conectan la matemática. Amo que cada tema en la matemática es un río subterráneo de conocimiento, que alimenta y nutre tierras que apenas parece tocar. (Este es mejor por el concepto que por el dibujo).


3. Amo la explosión del cerebro.


9. Amo la física, y que la matemática nos ayuda a atrapar al mundo, no sólo con nuestros dedos, sino con nuestras ideas.


10. Amo la grandeza de la matemática, que siempre haya más de la que ya existe.


Pueden ver los demás aquí.

lunes, 14 de abril de 2014

Hacerse adulto

Jeffrey Arnett es profesor de psicología en Clark University, Massachusetts, y de entrada es alguien que admite que le costó crecer y llegar a la adultez. Trató de utilizar el talento para tocar guitarra para evitar un trabajo de paga mínima y tocar en bares y restaurantes. Lo logró apenas porque vivió con sus padres luego de terminar la universidad. Luego de un par de años, siguió su posgrado en psicología y se doctoró cuatro años después, pero sin tener muy claro que hacer, no se estableció hasta bastante tiempo después. A los 35 obtuvo su primer trabajo a largo plazo como profesor, se casó a los 36 y tuvo hijos a los 42.

Su propia historia lo motivó a estudiar las dificultades de crecer hoy en día, entre adultos "emergentes". La suerte de estos jóvenes es que no son tan chicos como para ser recelosos de cualquier investigador que les haga preguntas, y al tiempo tienen cierta lucidez sobre su experiencia de vida por estar en el proceso de construir el significado de la misma. Escribió un libro sobre el tema y lo publicó en 2004, descubriendo con sorpresa que al tiempo la revista TIME hizo una nota de portada sobre el mismo. Para su sorpresa, esta vez negativa, el titular era "SE REHÚSAN A CRECER (THEY JUST WON'T GROW UP)". El texto lamentaba las deficiencias de este grupo de edades distintivo, entre los 18 y los 29 y que tienen un set de características que ni la adolescencia ni la adultez explican del todo.


Pero es un error catalogarlos de holgazanes. Es cierto, esperan (esperamos) que el trabajo sea divertido y si no lo es, lo rechazamos. Arnett explica que los adultos emergentes buscan trabajos basados en identidad, es decir, un trabajo que va a ser una fuente de autorealización y que utilice sus talentos e intereses para un fin productivo, no sólo para obtener un cheque a fin de mes. La expectativa puede estar inflada un poco más allá de límites saludables, pero no es un defecto del todo y hay que tomarlo por lo que es.

Otro rasgo importante es que se les ha atribuido un rasgo de egoísmo por pensarse "importantes". En realidad, los adultos emergentes son personas con bastante autoestima en general, pero de ahí a tildarlos de narcisistas hay un gran salto que ignora que también hay un grado de idealismo que motiva a este grupo de personas.

En suma, Arnett explica el espíritu de este grupo de edades con una fórmula simple. "Quieren usar lo más que puedan de su libertad mientras tengan la oportunidad. Eso no es deleznable; es sabio". La adultez está llena de responsabilidades y aunque en última instancia, esa transición llegará, ahora también se está rescatando el proceso para alcanzarla y no sólo la meta final.

Fuente de la nota

lunes, 7 de abril de 2014

Cada loco con su causa

Un artículo interesante en el New York Times cuenta la historia de Aaron Hurst, quien como muchos pensó que su sentido de propósito estaba únicamente en el mundo donde se pelea por una causa trascendental - salvar a las ballenas, plantar millones de árboles u oponerse a la apatía de las personas. Hurst fundó la Taproot Foundation y durante 13 años de funcionamiento convenció a profesionales en trabajar en programas de voluntariado, descubriendo que como él, estaban motivados por la búsqueda de propósito. Para ellos, trabajar con algo "más grande que ellos mismos" era también una oportunidad de crecimiento personal.

Ahora bien, el artículo de Hurst hace un argumento distinto. Si las personas descubrieron ese crecimiento personal y satisfacción en un ambiente de trabajo en equipo que al mismo tiempo permitiera un grado de expresión personal, esto sugiere que no necesariamente se tiene que luchar por una causa para encontrar significado. Era la forma en que hacían su trabajo la determinante, y esto puede lograrse en el trabajo, en el salón de clases o en una organización de voluntariado por igual; se trata de tomar un acercamiento distinto al día de la rutina, simplemente.

Muchos individuos ven su trabajo como una tarea atada a su personalidad más que a un negocio o una compañía que les es externa. Esto ayuda a que su propósito se nutra de experiencias pasadas, que se abra la visión para aprender de modelos personales o héroes cotidianos. Otros que sólo ven el tema como una tarea por hacer en sus vidas tienen más problemas para encajar en algo que perciben como foráneo, pero el enfoque no implica dejar todo y cambiar de vida. Puede servir refrescar el enfoque únicamente.

Este cómic de Grant Snyder satiriza el argumento, o lo ilustra, como quieran verlo.