lunes, 7 de octubre de 2013

Dime lo que lees y te diré quién eres


Aunque a veces los críticos exageran la división entre los grandes escritores y los escritores que sólo son mediocres o populares, investigaciones recientes aportan con evidencia aquello de "dime lo que lees y te diré quién eres". Los investigadores David Kidd y Emanuele Castano desarrollaron una serie de experimentos que atacan esta pregunta.

Detectaron alguna diferencia entre los efectos cognitivos de leer un fragmento de Chéjov, el gran cuentista ruso, comparado con un fragmento de una novela (generalmente considerada lectura ligera) de Danielle Steel. El primero activa las señales que se identifican al momento de entrar en un proceso de pensamiento contemplativo en nuestra búsqueda por entender personajes complejos y descifrar situaciones complicadas. Una novela más sencilla lo hace a un menor grado.

Un poco más vaga es la definición de los estudios - publicados en inglés en Science - sobre qué califica como una novela buena y estimulante y qué califica como una versión menor de lo mismo. Después de todo, el nivel de ventas no es suficiente. Hay quienes en su propia época eran grandes celebridades y eran bastante buscados por los lectores, pero no por eso eran menos "sesudos". Por ejemplo, Shakespeare y Dickens. Balzac también publicó La comedia humana como una serie popular, pero se convirtió al poco tiempo en un clásico.

Además, no se identifica muy claramente qué hace que un buen libro sea bueno: su carácter literario, sus dilemas morales, su creación de los personajes. ¿Cuál es la receta realmente?

Aunque hayan aún preguntas por resolver, cabe preguntarse cómo escogemos nuestras lecturas. Sobre todo porque hay tanto por leer y tan poco tiempo que es mejor si decidimos bien cómo emplearlo.

1 comentario:

  1. Hola Luis! Con esto de los críticos y sus clasificaciones, a veces incomprensibles, sobre lo que es bueno o no, decidí hace algunos años desmontar ese proceso de clarividentes verdades que se le otorga a estos "eruditos" literarios y me quedé con algo que considero, desde mi experiencia, más saludable y liberador: leer lo que me engancha, y si me engancha, es bueno. Esa consigna de que hay que leer a fulano/a porque así lo dictan los cánones y obligar al lector/a a tragarse lo que ni con un buen vino pasa....me parece una pérdida de tiempo y un desgaste monumental. Considero que leer es un arte, como muchas cosas en la vida. La persona que aprende a leer y lo disfruta, va a aprender a ser selectivo con el tiempo. Creo importante también que si esa persona ha tenido el privilegio de contar con bibliotecas o recomendaciones de gusto exigente, digamos, aprenderá a depurar y su filtro se irá haciendo más fino. Me imagino este proceso como la comida. Aquel que solo come comida chatarra y el sibarita, que prueba, experimenta y saborea sabores exóticos...pasa con la lectura. Se necesita una buena dosis de curiosidad intelectual, además, y sin duda, esa pasión por descubrir nuevos mundos, personajes y situaciones...pasión a crear, a la soledad y al silencio...He descubierto que algunos libros me reencuentran en el momento apropiado. Aquel que hace algunos años no me "enganchó", hoy me resultó fascinante y difícil de soltar. No hay recetas, me temo, como todas las cosas que valen la pena. Creo que las recetas son personales y subjetivas, y son válidas, por supuesto, porque funcionan para el/la lector/a. Un abrazo, Luis!

    ResponderEliminar