lunes, 15 de abril de 2013

Viajar para aprender

Una de las mejores experiencias de la vida es viajar. Es genial por sí misma pero además, es una experiencia de aprendizaje fantástica.

En primer lugar, nos permite interactuar con otras culturas. Al visitar otros lugares y conocer nuevas sociedades y personas, nos exponemos a ideas y comportamientos que no son familiares. Esto nos ayuda a ser capaces de diferenciar ideas con más precisión y descubrir que hay más cosas que las que vemos en nuestra rutina diaria.

En segundo lugar, los lugares tienen capacidad de mostrarnos nuevas cosas. Los museos son un buen ejemplo, ya que así como aprendemos de la literatura podemos aprender también observando el arte y tratando de diferenciar las ideas que el creador buscaba plasmar en una pintura o escultura. Además, conocer sobre la técnica empleada se vuelve una herramienta para descubrir lo que hay más allá y así, es más fácil disfrutar el proceso.

Además, recorrer espacios importantes en la historia nos da una mejor idea de los sucesos que a veces los libros no resaltan tan vívidamente como si apreciamos las ruinas del Coliseo romano o visitamos alguna ruina Maya. También es posible enriquecer la propia visita si se pone al lado toda esta información valiosa.

Y finalmente, la exposición a otros idiomas amplía nuestra mente y nos hace más conscientes de las complejidades del idioma. No para mal, sino para entender más adecuadamente los significados de las palabras y expresarnos con propiedad. Con algo de suerte, se aguzarán nuestros oídos y será más fácil aprender el idioma si deseamos hacerlo.

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