martes, 16 de octubre de 2012

La pedagogía de la arrogancia


El colapso de la academia, como sucedió con la Unión Soviética, vendrá desde adentro y será similar, por ejemplo, a la quiebra de grandes empresas como General Motors. Se debe al sistema burocrático que ha perdido cualquier tipo de contacto con la realidad y con sus clientes: la academia es, también, un participante dentro de la mecánica del mercado.

El costo aproximado para la educación superior en Estados Unidos es de alrededor de $30,000 al año y esa cifra va rápidamente hacia arriba. Sin embargo, el producto final que las instituciones educativas y universidades es, generalmente, de calidad deplorable. Los profesores suelen tener la creencia de que lo que sucede en su clase queda entre sus estudiantes, ellos mismos y Dios. Tienen poco o ningún interés en la satisfacción de sus “clientes” y, por el contrario, creen que como estudiantes no tenemos ni el derecho ni la potestad para evaluar la calidad de enseñanza.

Jeff Sandefer, profesor y fundador del programa de Acton MBA en Entrepreneurship, denomina a este fenómeno como la “pedagogía de la arrogancia” en donde es común escuchar que un profesor diga algo así como: “Yo soy el experto. Yo hablo, tú escuchas, tu repites, yo te felicito y te doy una A”.

Asimismo, él sugiere que si tienen intenciones de hacer una fortuna en los próximos años, que la mejor forma de elegir a nuestra competencia, si queremos tenerla fácil, es elegir a las grandes universidades privadas, a las que sólo les queda la fachada y el nombre. El prestigio es todo lo que pueden ofrecernos.

Quienes puedan ofrecernos un sistema más económico y que no sirva únicamente para mantener a profesores que por haber permanecido en su cátedra por años merecen nuestro respeto y no por el buen cumplimiento de su función. Es necesario que pasemos de una pedagogía de la arrogancia a una pedagogía de la humildad, continuado la utilización de los términos que usó Sandefer.

Esta pedagogía de la humildad se enfoca, no en intentar ser la persona más inteligente del salón, cueste lo que cueste, sino en formular las preguntas correctas. Como estudiantes/consumidores, debemos pagar por el rendimiento y los resultados y no porque asistiremos a una institución de alto renombre y por la obtención de un título.

Habría que preguntarse si queremos un titulo, o verdadero aprendizaje. Yo me voy por la segunda opción.

[Fuente]

No hay comentarios:

Publicar un comentario