lunes, 24 de septiembre de 2012

Pensamiento disruptivo en la educación


El post de la semana pasada hablaba de cómo podemos aplicar pensamiento disruptivo para cambiar un mercado por completo. Pero esta herramienta también puede utilizarse para hacer cambios significativos en cualquier contexto.

Apliquemos poco a poco los tres pasos:


Identificar la situación:

El sistema de educación secundaria en Guatemala (o en cualquier otro país). La idea es no circunscribirlo demasiado, como si dijésemos al salón de clases, ni ampliarlo demasiado a la educación en general. Es poner límites más o menos flojos al pensamiento disruptivo.

Identificar los clichés:

  • Los alumnos suelen agruparse por grupos de edades
  • Las materias suelen ser ofrecidas como bloques en espacios temporales de larga duración (una hora o más)
  • En un área específica donde coexisten grupos grandes de personas (20-40)
  • Hay un profesor para cada tipo de contenido
  • Hay materias más aburridas que otras
Estos clichés no tienen ninguna carga de valor. Es decir, no quiere decir que sea necesariamente bueno o malo, simplemente es la forma usualmente incuestionable de hacer las cosas.

Ahora el último paso.

Invertir los clichés:

  • Los alumnos no son agrupados por edades.
  • Las materias podrían ser ofrecidas en espacios temporales más cortos o con cortes intermitentes.
  • Podrían formarse grupos de estudiantes más pequeños.
  • Puede haber un sólo mentor para todo el aprendizaje y que no se enfoque en darle contenido sino ayudar al alumno a buscarlo por su parte.
  • Hay materias que tienen utilidad práctica más inmediata que otras

La idea a partir de aquí es que al oponer ideas opuestas pueden favorecer el surgimiento de nuevas oportunidades, este post buscaba realmente incentivarnos a pensar sobre esas alternativas, de las cuales ya hemos comentado en otros artículos y links.

No hay comentarios:

Publicar un comentario