viernes, 22 de junio de 2012

Una nueva cultura de aprendizaje

La educación es una de esas áreas del conocimiento que ha acelerado su evolución con la llegada de nuevas tecnologías. Y es precisamente la multitud de cambios en la forma en que los alumnos aprenden lo que ha obligado a educadores y maestros de todo el mundo a re-pensar la forma en que enseñamos, no sin uno que otro dolor de cabeza.

 En el libro Una nueva cultura de aprendizaje: Cultivando la imaginación para un mundo en constante cambio [Editorial CreateSpace, 2011], los autores Douglas Thomas y John Seely Brown argumentan que ante la llegada de tantos nuevos dispositivos y plataformas quizá sea mejor enfocarse en renovar nuestros paradigmas sobre educación, colocando de nuevo al alumno al centro del escenario y dándole más protagonismo. Thomas dice en una entrevista que nuestras viejas ideas sobre cómo aprendemos nos impiden aprovechar las nuevas formas por las que podríamos incrementar nuestras capacidades.

Una de las ideas revolucionarias de ese libro es pensar en por qué es tan fácil que los niños pequeños se entusiasmen al aprender una cosa nueva, y tratar de explotar esas mismas habilidades en alumnos mayores. En un juego, el propio reto de ganarlo o superar la meta personal hace que la búsqueda de información o formular y responder preguntas sea casi un requisito para lograr cualquier cosa. Se tiene muy presente el por qué de las preguntas que estamos intentando responder y así, la motivación se vuelve mucho más fuerte.

Se podría aplicar este principio en el salón incluyendo juegos o al menos los elementos más importantes del juego: hay reglas, sí, pero dejan cierto lugar a la flexibilidad. También hay un elemento de diversión que nos mantiene motivados y que al mismo tiempo nos canaliza a buscar cada vez mejores respuestas.

Un ejemplo interesante es cuando aprendemos historia o datos de nuestros cursos de sociales por medio de una trivia. Si podemos ganar un juego a través de recordar bien a x o y personaje histórico, es más probable que cuando leamos los libros, prestemos más atención y al cabo de unos días, sigamos recordándonos quién fue, qué hizo y por qué fue importante. Quizá habría que pensar en más casos parecidos para que el aprendizaje no sea momentáneo sino de por vida.

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